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Se ha dicho que Romeo y Julieta son lo que todos los enamorados han sido y serán, pero no hay que olvidar el arte magistral con que Shakespeare los ha juntado. Cada uno se hace eco de las palabras del otro, como si enfrentasen en sus rostros el brillo de sus almas. Es una obra de juventud, de impulsividad y extravagancia juveniles; una obra de danza y esgrima que, con súbita violencia y veloces transiciones, tiene lugar en una arena de energía. Nunca se había visto algo así en el teatro inglés, y para los primeros oyentes tuvo que ser algo verdaderamente milagroso. Shakespeare tomó las convenciones y las tradiciones de la poesía cortesana y las dramatizó para el público londinense; de la obra de Shakespeare parecen desprenderse otros temas, como el destierro, la desigualdad en el amor, el honor y la reputación, pero la innovación dramática del amor causó y sigue causando una impresión decisiva y duradera.

Podemos imaginar verosímilmente el reparto original de Romeo & Julieta. Sabemos que Will Kempe interpretó a Peter, el criado indecente de los Capuleto, y que Richard Burbage hizo de Romeo, el papel principal. Uno de los niños hizo de Julieta y otro acaso asumió el papel de la charlatana Nodriza. Se supone que Shakespeare hizo de fray Lorenzo y de Coro, si bien en 1670 Dryden escribió que “Shakespeare mostró sus mejores aptitudes como actor haciendo de Mercutio y además decía que se había visto obligado a matarlo en el Act III para que no acabara con él”. Mercutio es el amigo travieso, galante e imprevisible de Romeo, cuyo discurso sobre las actividades de la reina Mab es uno de los más expresivos y fantasiosos de toda la obra shakespereana; suyo es el espíritu que se encumbra; el espíritu optimista, fantástico, libre de ideales e ilusiones que Shakespeare tuvo que matar para poder dar paso a la tragedia romántica, en la conclusión de la obra. Semejante espíritu libre no concuerda con un relato de mal de amores. En las palabras de Mercutio no sólo hay indecencia, sino melancolía, y esto puede resultar contrario al amor.

La obra concluye con un mar de lágrimas, que es como acaban todos los sueños. Se cierra formalmente con un cortejo fúnebre, uno de los espectáculos de uso en el género dramático isabelino, si bien a la elegía plañidera le sucede una alegre giga. A esto contribuyó la presencia de Will Kempe en la última y trágica escena. Acompañó a Romeo a su cita con la muerte en el sepulcro, y sin duda hizo de bufón durante los monólogos sobre el polvo y la muerte. Se trata de una muestra más de la estridencia fundamental del género dramático isabelino, en el que no existe la compostura necesaria ni el tono intermedio, por lo que todos los extremos son posibles. Romeo & Julieta puede considerarse tanto una comedia como una tragedia y, es claro, también representa ambos géneros. Aunque tomó la historia de un poema de Arthur Brooke que se titula The Tragicall Historye of Romeus and Juliet, Shakespeare la condensó; redujo el tiempo de nueve meses a cinco días e impuso a la narración un patrón minucioso y rebuscado de simetrías. Posiblemente, lo más significativo es que modifica la intriga moral y la carga narrativa, solidarizándose de forma explícita con los enamorados. Ahí radica la diferencia entre poesía y género dramático. Se han cuestionado mucho las imágenes religiosas de la obra, sobre todo la atmósfera de la antigua religión. Obviamente, toda obra ambientada en Italia está destinada a mezclarse con el catolicismo, pero se trata de algo más: aferrarse a su vocabulario es característico de los que han renunciado a sus convicciones religiosas, especialmente cuando describen lo profano. Por añadidura, Shakespeare introdujo más indecencia y comedia y, en concreto, asignó más protagonismo al papel de Mercutio. También cambió la edad de Julieta: en el poema de Brooke tenía dieciséis años y, en el texto teatral, trece. Supo que de esa forma complacería mejor la lascivia de los ciudadanos; lo cierto es que fue un descarado maestro del efectismo. También se percató de que el público disfrutaría con la escena de esgrima con la que empieza Romeo & Julieta. La obra fue un éxito y en la portada del primer texto publicado se la menciona como aquella ‘que, con frecuencia (y en medio de sonoros aplausos), ha sido largamente representada en el teatro’. Las frases de los enamorados estuvieron en boca de todos. En fecha posterior, los estudiantes de Oxford se consagraron al estudio intensivo y a la copia de las páginas de Romeo & Julieta, de una edición del First Folio, sujeta con cadenas. En vida de Shakespeare, se publicaron dos versiones. La primera es mucho más corta que la segunda, y lo más probable es que se trate del texto realmente empleado por los intérpretes. En esta versión incluso hay una broma sobre el actor (que declaró débilmente el prólogo, sin libro) que necesitó ayuda del apuntador. La vida del teatro isabelino revive en apartes como éste. Al parecer, la segunda versión fue una transcripción de los papeles personales de Shakespeare, antes de que el texto fuera modificado y condensado durante los ensayos o a lo largo del proceso de reescritura. Por ejemplo, después de que la obra se estrenase, incorporó algunos fragmentos y reasignó determinados parlamentos a otros personajes; al parecer se extendió en el discurso de Mercutio sobre la reina Mab e insertó palabras en los márgenes de su ejemplar, palabras que el impresor acaso confundió con un añadido en prosa. También hay incoherencias secundarias tanto en las acotaciones como en los nombres. Seguramente, su procedimiento habitual consistió en modificar, ampliar o reducir el texto después de ver la obra representada. Es lo que haría cualquier dramaturgo. A renglón seguido, abordó su siguiente empresa: una comedia más abierta en la que los amantes malhadados por fin encuentran lo que desean. That’s Shakespeare.

Peter Ackroyd, tomado de Shakespeare, The Biography. Londres, 2005.

Imagen: Olivia Hussey y Leonard Whiting, en Romeo y Julieta, de Franco Zeffirelli (1968)

Dos veces en Francia. Dos veces en Rusia. Romeo and Juliet y la música.

En 1839 Héctor Berlioz convirtió Romeo y Julieta en una enorme sinfonía dramática, para solistas, coro y orquesta. Combinación de la Pastoral, por lo que tiene de sinfonía libre y programática y de la Novena, por la presencia de solistas y coro, es una de las obras más sobresalientes en la historia de la música descriptiva. Introduce ya la variación dramática, respecto de Shakespeare, de un abrazo de amor final de los amantes -Romeo toma el veneno pero Julieta despierta unos instantes antes de que éste muera- y no excluye, más bien amplía, el epílogo, completamente ausente en Gounod y en Prokofiev. Era la obra favorita de Berlioz, la que elegía entre todas las que compuso.

Scène d’amour. Orchestre Révolutionnaire et Romantique. John Eliot Gardiner, dir.

 

En 1867, otro gran compositor francés, Charles Gounod, entusiasta admirador de Roméo et Juliette de Berlioz, convirtió la historia de los amantes en una ópera suficientemente popular hasta nuestros días, que destaca por la belleza de los dúos y por su simplicidad dramática.

Je veux vivre, Vals. Angela Gheorghiu, soprano.

 

Piotr Ilich Tchaikovsky, por su parte, en 1869 contó la historia de Romeo y Julieta con una música puramente instrumental, a la llamó Obertura-Fantasía. Es una de las obras más inspiradas de Tchaikovsky, sin duda por encima de sus otras dos aproximaciones shakespeareanas, Hamlet y La Tempestad. Su tensión entre una música de amor y otra de muerte, su dramatismo y su vuelo imaginativo en pos de la abstracción poética son arrolladores. Puede resultar sintomático de su novedad y de su audacia la enojadiza reserva con que fue recibida en sus primeras performances. Novena propone aquí una gran versión rusa de esta obra.

Orquesta Sinfónica de la URSS. Eugeni Svetlanov, dir. 

 

Romeo y Julieta el ballet fue concebido por Sergei Prokofiev en 1935, pero se estrenó en el Kirov recién en 1940, luego de superada una gran discordia entre el compositor y los oficiales soviéticos a cargo de los dictados estéticos del stalinismo, por ejemplo acerca del final trágico de la obra.

 

Romeo y Julieta de Prokofiev, ¿final clásico o final feliz? en Suena Tremendo.

María Noel Riccetto y Gustavo Carvalho. Romeo y Julieta en la producción del Ballet Nacional del Sodre, en en Oír con los ojos.

 

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